El primer paso en Bolivia Bolivia / Viajes
Bolivia es bella.  Así lo he ido viviendo, percibiendo desde aquel ocho de enero en que temprano en la mañana cruce un puente, un insulso puente como cualquier otro, pero este es el que dice que de un lado está La Quiaca, Argentina y un par de pasos más allá se encuentra Villazón y tras esa puerta toda Bolivia.
Recuerdo que estando parado allí, a metros de pasar al país vecino me recordé cada una de las ideas que uno se hace de una frontera.  No era la primera vez que abandonaba el país pero si era mi primera vez a pie.
Ya en el punto fronterizo, aun en Argentina, lo primero que llamó mi atención fue una inmensa caravana de hombres y mujeres con carros apoyados en ruedas de bicicleta que hacían fila y gritaban como bocinas apurando al de adelante cual un dominó que cae incesantemente. Lo segundo que llamó también mi atención fue ver como argentinos y bolivianos, sin mochilas, sinónimo de que no eran turistas o mochileros según se prefiera, pasaban de un lado al otro como quien pasa de su barrio al barrio vecino en una misma ciudad.  Unos y otros según el lado
a donde vivieren pasan al país vecino a aprovisionarse o a comprar mercadería para la reventa. Cuando me hablaban de Bolivia, de la ciudad fronteriza de Villazón me hacían a la idea de que era como el famoso barrio de Once en Capital Federal, Argentina.  Lleno de mercados de todo tipo de productos “truchos”, falsos y con abundante mugre y desorden.  Yo en cambio no encontré eso. Claro que inmediatamente que uno cruza el puente te recibe una avenida repleta de negocios de ropa, adornos y recuerdos, artículos electrónicos de todo tipo, casas de cambio que según su ubicación te ofrecen uno o dos centavos más que la otra al momento de cambiar y cuanto vendedor ambulante se les ocurra.  Personalmente encontré aquel inmenso bazar: atractivo, el sueño de los compradores compulsivos, pero no feo, en absoluto.  Tal vez, a la distancia de aquel martes ocho de enero, esa avenida era un recibimiento, una muestra de lo que me esperaba en Bolivia.  Un país muy distinto de lo que he conocido a través de cuanto libro de historia me ha llevado leer mi profesión.
Más allá del puente, cerca de la terminal, una plaza.  Una bella plaza por cierto; arbolada, llena de bancos que sin pudor compartían desconocidos, jardines diseñados y llenos de flores y resguardados por estilizados cercos.  Otra muestra más que se repetiría.

Villazón, no es menos boliviana que otras ciudades.  Sobre ella recae el estigma de ser una ciudad de frontera, un lugar de paso, el lugar para ir a comprar “barato” y, es verdad, esta ciudad es eso pero mucho más también.  Personalmente creo que uno debería darle un día, una recorrida al menos, creo que se lo merece.  Personalmente aun estoy medio en deuda porque a diferencia de otros turistas y/o mochileros, fui un poco más allá y caminé y recorrí algo más que la avenida y su terminal de ómnibus o tren.  Queriendo comprar y buscando el mejor precio, como la mayoría, di con el “Mercado Campesino” donde uno puede alzarse con casi todos los productos que se ofrecen en la citada avenida.  Verdad que el número de negocios, que interesan al extranjero disminuye y aumentan los que le interesan a la población local, pero los precios también disminuyen considerablemente.  Así que si tenés intensión de comprar barato, por 15 bolivianos un taxi te lleva al mercado.

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