” Encuentro con el Tío” – Mineros y turistas en las minas de Potosí (3° parte) Bolivia / Viajes
Por fin llegábamos con el Tío.  Oculto entre recovecos laberínticos apareció él.  Una deidad que inspira respeto y es venerado por mineros y cuantos ingresamos a la mina.
El Tío garantiza una buena producción de metal de alta calidad y es de quien se tienen que cuidar las mujeres.  Más aun si se trata de turistas incautas que pueden embelesarse frente a su falo.  “Su inmenso pene, penetra la tierra, la roca.  La Pachamama es servida por él y ella nos regala su riqueza”.
Al Tío se lo debe adorar y ofrendar.  Para eso son los cigarros, la coca y el alcohol puro que llevábamos además de gaseosas para convidar al minero.
¡Si había algo por lo que no resistí ir a la mina, era por él!  Cabe recordar mis opiniones con respecto a la visita a la mina que expresé en estos post (Minerosy turistas en las minas de Potosí 1° parte Mineros y turistas en las minas de Potosí  2° parte)


Quién es el Tío (Historia y leyenda)
 
A pesar de su aspecto diabólico, no necesariamente se trata del diablo o ser maléfico, sino todo lo contrario.
 
Varias son las explicaciones que se dan acerca del familiar nombre que tiene este. Señor de las minas.  Al parecer, el nombre de “Tío” sería una adaptación de la palabra “Dios”.  Se supone que los originarios no podrían nombrar como nosotros al “Creador” cristiano porque les costaba pronunciar la letra “D”.
Como sea, la devoción por este personaje también sería una práctica anterior a la conquista.  Esta idea, contradiciendo la creencia de que su adoración comenzó con el trabajo forzoso que impuso el español a los aborígenes, estaría relacionada con la etnia Uru.
Los Uru, que se asentaron entre los años 1000 y 1500 a C.  Ubicados  en las costas del Pacífico, en el altiplano boliviano y concentrados en Paria, Orinoca, Salar de Coipasa y en torno a los lagos Titicaca, Poopó y Desaguadero creían en el Dios Wari.   Que al igual que ellos habitaba en las montañas y cavernas, las mismas de donde emanaba la “riqueza” y el mineral que
es motivo de adoración.  Nombrado como TIW (PROTECTOR en lengua Uru), se transformó en el TÍO del que hablamos hoy.


En el marco de las explicaciones y leyendas, se dice que con la llegada del los españoles, Wari fue abandonado por los Uru cuando éstos abrazaron el evangelio. Wari no soportó tal ofensa, se enojó y entró en guerra con sus antiguos devotos con la intención de hacerlos desaparecer del territorio andino. En defensa del pueblo Uru intercedió la Ñusta o Virgen del Socavón.
Vencido Wari, este encontraría  su “hogar” en las entrañas de los cerros y los españoles comienzan a hablar de él como el
“Diablo”, que habita en las sombras y las profundidades.

Otra versión, arriesga fechas, y dice que entre los años 1676-1736, es cuando se introduce el término de “Tío”.  Por el cual los mineros, mitayos en ese momento, serían los sobrinos de la deidad.
Más allá de una u otra versión, el español se valió de los dioses originarios para mutarlos por el propio, favoreciendo el sincretismo religioso que pervive aun en día.


Encuentro con el Tío
 
Retomando mi experiencia…  Por  fin, llegamos a la cueva donde me esperaba el Tío más bello de cuantos he visto en la web y en las fotografías de otros visitantes.
Era inmenso, grande y precioso.  Más de lo que esperaba.  ¡En honor a la verdad, pensaba encontrar una pequeña estatuilla, algo más o menos “diabólico” pero no, todo lo contrario!
Imponente, magnificado por las luces de las linternas en nuestros cascos tuve el ansiado encuentro.  Ante mí esa bestia.  Orejas enormes, el torso de un hombre, los ojos que parecían vivos al igual que su enorme pene.
Nadie hablaba, estoy seguro que había cierto miedo.
Todos esperamos las indicaciones de Wilmar, nuestro guía, y  nos fuimos ubicando como pudimos formando una especie de ronda junto al Tío.


Como sabemos, el Tío es amo y señor de la mina.  Ese es su territorio, su dominio.  Él es quien da y quita a su antojo.  Ante él no existen nacionalidades, sexo, posición social, creencias religiosas, NADA.  ¡Por eso, si vas a la mina, ante todo respeto!
Dentro del Cerro Rico como en otras minas no hay un solo Tío, sino muchos, cientos tal vez.  Los mineros eligen un trozo de mineral, buscan un recoveco escondido entre las galerías y a partir de ese pedazo de roca, como si fuera una piedra basal, comienzan a esculpir a su protector.
Decía que en la mina hay que dar cada paso con respeto.  Para darnos una idea de por qué, pensemos que en ella mueren dos hombres por mes y el número de accidentes resulta imposible saberlo.  Ante la pregunta de si se cuentan turistas en la fatal lista, nadie responde, pero no es difícil pensar que los haya.
 
Cuidado con el Tío
 
Devenidos en sus sobrinos nos ubicamos en torno a él, en silencio.  No exagero si digo que esperaba que en algún momento cobrara vida, se moviera.  Estaba emocionado.  Por fin, algo autóctono, originario.  En ese momento me pude abstraer del tour y fue maravilloso.
 
Nuestro guía pidió una k´uyana (cigarrillo), que compramos en el barrio minero.  Había que convidárselo, encendido ubicarlo entre sus labios y que el Tío lo fumara. Sólo si lo fumaba, estaríamos a “salvo” y podríamos permanecer junto a él.  De lo contrario, si la k´uyana se apagaba, debíamos abandonar la mina tan rápido como pudiéramos.  Estaríamos en peligro porque el Tío no querría que estuviéramos ahí.
Por suerte él quería que permaneciéramos un rato con él porque el cigarro se consumió lo suficiente como para comenzar a chayar y beber.
Ahora podíamos ofrendarlo.  En su falda fuimos depositando hojas de coca. Previamente chayamos sobre el suelo para convidar a
la Pachamama y comenzamos a charlar mientras bebíamos alcohol puro, apenas mezclado, con un poquito de gaseosa.
Sería una indiscreción contar lo que hablamos, pero puedo decirles que de repente, como si nos conociéramos de toda la vida la charla nos llevó abrir lo más íntimo de cada uno.  Fue raro sí, pero absolutamente agradable.Si me preguntan qué sucedió o por qué sucedió no lo sé.  Sucedió sin más.


Cuando ya no quedó más que beber, supimos que había que volver.  Salir a la superficie. No sé los demás.  Sé que nunca más volveré a entrar a esta mina.  Sé que aprendí mucho más de lo que esperaba.  Que lo que les cuento no creo que refleje cuanto me pasó por el cuerpo.
Nos íbamos, retomaríamos el camino hacia la salida.  Entonces fue que me detuve.  Volví sobre mis pasos y me permití un minuto a solas con el Tío…


Muchas gracias por tu visita, te deseo buenos rumbos!!! J


Comentarios

  1. me da mas miedo el de la linterna en el casco jajajaja esta mas feo que el tio, muy buena crónica, cuando los entes espirituales tienen son fuertes se materializan.

  2. Las sensaciones es tal cual lo describis, y te entiendo cuando decis que no hay forma de reflejar lo que uno le pasa por el cuerpo. Tuve la oportunidad de visitarla el año pasado con un ex minero que me llevo durante 6 horas a conocer a los 5 tios, y fue una de las lecciones de vida mas grandes que jamas tuve.
    Conocí la desigualdad y miseria de este mundo en su máxima expresión, que la historia que a uno le cuentan en el colegio o lee en libros no se compara con vivirla en carne propia, y aprendes a valorar tu vida, tu trabajo, tu pasado, tu presente, tu familia, que la educación es la mejor manera de ser una persona y un pueblo digno, y millones de otras cosas que todavia me rebotan en la cabeza. Es una excursion en la que entre a conocer una mina y sali conociendome a mi mismo.
    Muy bueno el relato!
    Saludos!

    • Wow, seis horas en el socavón qué bueno, eso si que es toda una experiencia!!!
      Verdad, que la visita a la mina, más si uno la hace con los poros de la sensibilidad bien abiertos, a partir de ese momento hay un cambio en uno, ya nada puede ser igual.
      Te re agradezco tus palabras Gonzalo!
      Te mando un abrazo y el deseo de buenos rumbos!!!

  3. He leído las tres partes de tu crónica, me tenías prendida de principio a fin, imagino que es uan experiencia que rebasa las letras. Pocas personas pueden sentir una conección espiritual con este tipo de experiencias, y me parece genial que llamés al respeto hacia las creencias de lugares que uno visita. Espero que nos sigás dando más de tus letras, fotos y viajes. Abrazos de viajera a viajero.

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