Las vueltas de un viaje Experiencias / Inspiración

Las vueltas qué tiene un viaje no!?

Salí solo el 28 de diciembre desde Pergamino, mi ciudad, y aunque más o menos tenía una idea de viaje, realmente no sabía a dónde iría.  Por eso no me extraña que esté escribiendo desde Potosí, Bolivia.  Ya hace dos días que estoy en el país vecino, ayer en Villazón y Tupiza y hoy esta ciudad increíble a la que no le cabe mejor descripción que decir: “caminar por Potosí es como hacerlo en un libro de historia”

 

Decía acerca de las vueltas de un viaje…  Este me llevó a Tilcara como primer punto de asentamiento donde recibí al 2013 y aunque viajo solo nunca lo estuve.   Nunca me imaginé que un martillo y ser profe de historia me abriría al
dialogo y amistad con tantas personas.
El martillo, herramienta fundamental para clavar las estacas de la carpa nunca falta en mi mochila más allá de su peso, supongo que muchos lo entenderán pesado porque el mío circuló por innumerables manos y vía “¿querés un martillo? Arrancaba la charla y de ahí a cenar como me sucedió el primer día cuando un grupo de santafesinos renegaba con una piedra y las estacas.  Luego vendrían las habituales presentaciones y el vos qué haces y demás y así terminé oficiando en más de una oportunidad como guía turístico explicando, aunque no soy experto,  acerca de los pueblos originarios del lugar.  Así fui pasando y rodeándome de gente todo el tiempo, mucha más de lo que hubiera creído por suerte.

 

Hoy me encuentro viajando con tres amigos, Cata y Marcos una pareja de vendedores de aros y vinchas para sustentar su viaje y Marcos, estudiante de historia de la Universidad de La Plata.  A los primeros los conocí ya no recuerdo como cuando después de dejar Humahuaca recalé en Iruya en la provincia de Salta (totalmente recomendable visitar este pueblo), al futuro historiador lo conocí en Tilcara y lo volví a encontrar en un pueblito maravilloso al que se llega tras una ardua caminata por el río desde Iruya que se llama San Isidro, otra belleza, que nadie debe dejar de conocer si se aguanta una exhaustiva caminata de ida y vuelta claro.

 

Las vuelta y la magia de los viajes me llevó a Iruya cuando unos amigos de Tilcara me llevaban a Yabi en Jujuy, otro pueblo hermoso y pequeñito que visité y disfruté toda una tarde, antes de terminar descansando un par de días en La
Quiaca.

 

Pero retomo lo de la magia viajera.  Cuando pasaba por la ruta humahuaqueña sentí la necesidad de bajar y pedí que me bajaran.  El auto freno en medio de la ruta y llegué a hasta una de sus entradas caminando y me encontré con un niño vestido de marinero (esto merecerá un post aparte) y este me explicó como tomar el cole que me llevaría al centro  donde me encontré con el Negro, otro profe pergaminense que anda rumbeando por el norte.  Este me llevó al hostel en donde dormía  y fue mi primera vez en uno de ellos y paré en “La Salteñita” un lugar bastante lindo que me costó $30 para pasar la noche.

 

En Humahuaca participe de la celebración del pesebre y como en este viaje pareciere que hay casualidades que no los son volví a encontrarme con el marinerito, pero ahora eran cientos y de todas las edades.  Ellos todos provenientes del barrio 22 de agosto, desde dónde entré a Humahuaca marcharon, cantaron y bailaron durante muchísimas cuadras para alcanzar el centro hacía las 19 Hs. donde comenzaron la adoración del pesebre (también merecerá un post aparte)

 

Y en las vueltas que tiene un viaje terminé en Iruya con el negro y dos chicas que pateaban con él.  Es muy loco todo
porque a los tres os encontré en Tilcara y en San Isidro me volvería a encontrar con Matías con quien comparto el viaje y con un grupo de rionegrinas que viajaban con él y también conocí en el camping-hostel Waira en Tilcacra.

 

Con todos ellos, sumados Cata y Marcos armamos un grupo de diez personas que por azar del destino terminamos compartiendo un hostel todos juntos en el hermoso pueblo de Salta y todos juntos salimos de allí en una Ford Ranger, sí, diez personas con sus respectivas mochilas y las diez de ataque, o sea, ensardinados, pero por dos mangos llegamos rápido a La Quiaca y de ahí a Yavi, donde el grupo se dividió en partes iguales.  Los cinco con los que proseguí mi viaje hoy permanecemos juntos tres ya que Belén y Sol, dos chicas Bahienses salieron un día antes hacia Bolivia y seguramente, ya no las he de volver a ver.

 

En las vueltas que tiene un viaje, el mío comenzó a dedo y hoy este medio de viaje ha cambiado por colectivos aunque me tienta ser uno de los que vaya contra el mito de que en Bolivia no se puede hacer dedo.

 

Bueno, voy terminando, me quedan muchos post por escribir, describir en detalle por donde rumbeo pero  como vengo sosteniendo un viaje tiene tantas vueltas que sin marearme no me dan tiempo para sentarme en la compu mientras  el cuaderno de viaje se llena y se llena…

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Comentarios

  1. Tremendo viaje te estas pegando.

    Yo llegaré junto a mi compañera el 2 de febrero a Bolivia.

    Por el momento sigo atenuando mis ansias de viaje leyéndote.

    Abrazo.

  2. En Bolivia no se hace dedo Juanma!!! jeje.
    Un abrazo

    • Hay quienes lo han hecho y con mucho éxito, también en Perú!!!
      Yo no lo he probado aun, seguro que a esta altura en que estoy en Potosí ya no lo haga, pero si vuelvo, y vuelvo según idea que me abordó anoche, va a tener que ser Bolivia a dedo, más allá que los lugareños no lo entiendan y previamente a subir a un camión o auto tenga que explicar que no voy a pagar.
      Un abrazo che, seas quién seas!!!

  3. Los viajes cada vez nos permiten cambiar de ambiente, explorar y conocer nuevas cosas, eso es lo emocionante porque podemos hacer muchas cosas durante el viaje, lo importante es disfrutar cada momento que pasamos al lado de nuestra familia.
    Saludos

  4. Que lindo!!!Es verdad, es inexplicable la cantidad de cosas y de gente q uno termina conociendo en los viajes!! Anudvimos más o menos por las mismas épocas por los mismos lugares, asi q tu relato me trajo muy lindos recuerdo!!! :) Lo q me mató fue lo del martillo!!!ajajajajaj, q genio!!!! yo soy la q le da con las piedritas, o termina rompiendo la zapatilla por intentar clavarla!!!jajaaj

    • Hola Amneris!!!
      Qué loco, quién te dice no nos cruzamos por ahí.
      Que lindo si te hice recordar lindos momentos.
      Jajaja, si mi martillo, son unos 200 o 300 Grs extra en la mochila pero de todos los años, y son muchos, que ando en carpa el martillo resultó fundamental!!!
      Ojalá nuestros caminos se crucen en algún lugar, te mando un abrazo enorme!!!

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