Veo Veo un viaje en tren Inspiración / Juegos entre blogueros / Veo Veo

Amo los trenes pero no viajar en ellos!!!  Llegué a esta conclusión la última vez que viajé en uno.
Enero del 2014, Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina y sin quererlo, sin siquiera pensarlo estaba sobre un tren.
Ese tren al que en innumerables veces me negué a viajar.  Ese tren, que por su bajísimo costo es el vehículo que todos los viajeros y mochileros con rumbo norte toman cada verano hacia el norte argentino.  Ese tren, trampolín con el que muchos se inician en los viajes.  Punto de partida del típico viaje mochilero del verano argentino por el que más de uno irá más allá de los Valles Calchaquíes hacia la frontera La Quiaca-Villazón para internarse en tierras bolivianas y si hay dinero suficiente Perú.

Como sea, aquel lunes en que me debería ver al costado de la RN 34 haciendo dedo-autostop, me estaba subiendo a uno de los vagones pulman del Ferrocentral.


El llamado

“Qué te vas a ir a dedo; pará que llamo a un amigo que trabaja en el tren”  Me decía la Bruja, aquel amigo que me supo regalar a Cachabacha, al que aproveché para visitar en Rosario. 
Mientras resonaba el tuuuuuu, tuuuuuu de la llamada en espera comencé a balbucear hasta que…  “Hola!  Che, tengo un muy buen amigo que necesita un pasaje”  Lo escuchaba mientras volvía a balbucear que me quería ir haciendo autostop, que no era necesario andar molestando a nadie y antes de terminara de quejarme me anunciaba: “listo, salís mañana.  En la boletería das tu nombre y te dan el boleto!!!”  Así, sencillo.  Un llamado y ya tenía fecha obligada para proseguir mi viaje.   Más de un viajero mataría por un llamado semejante si tenemos en cuenta que tanto en Buenos Aires como en Rosario, los pasajeros hacen colas de días en las estaciones para conseguir un ticket y yo sin quererlo tenía uno y, para mejor, en pulman!!!

Un viaje en tren después de muchos años

No viajaba en tren desde la infancia.
Cuando era niño viajaba todos los veranos a la casa de parientes en Buenos Aires y lo hacíamos en el tren.
Un viaje lento, como lo recuerdo ahora, que comenzaba a las seis de la mañana pero claro, para aquel nene era toda una aventura.  Viajar con mis abuelos, con los sanguches de batata de la abuela para mitigar el viaje y ponerle sabor a las tediosas e
incomodas horas en esos asientos de madera, son de los más gratos recuerdos que guardo de aquellos años.

En el andén

 

Con mi pasaje en la mano.  En el andén.  Veía como de a poco llegaban otros como yo.  Viajeros de toda edad y mochilas de colores variados poblaban la estación.  Unos y otros, con el correr de los minutos que pasaban de la hora pre fijada buscábamos
con la mirada, impacientes, que llegara el tren que venía retrasado.
Con una hora de retraso, al fin escuchamos su inconfundible andar y en segundos la trompa de la locomotora asomaba dejando atrás una curva y todos en el andén se apresuraban.  Unos corrían en busca de agua, otros llenaban los termos para el mate y todos cargábamos nuestras mochilas con ansiedad y el deseo de partir YA!

Horas interminables


Al viajar haciendo autostop, uno se acostumbra a no saber cuándo llegará destino y ahí radica lo lindo o emocionante de viajar así.  Pero en este caso, sabía de ante mano que me separaban de San Miguel de Tucumán, dieciocho horas que serían: uf, eternas!!!
Tras casi un día entero de viaje soportando un aire acondicionado en su máxima intensidad llegamos a San Miguel y allí comenzaría otro viaje.  Otra vez, el “Croupier de los caminos” se había manifestado, me regalaba un reencuentro con los trenes y ponía ante mí una nueva ruta, un nuevo rumbo que me llevaría por los Valles Calchaquíes siguiendo por primera vez la típica ruta mochilera argentina (Tafí del Valle; Ruinas de Quilmes y Cafayate), antes de tomar la RN 9 desde Salta para kilómetros adelante adentrarme en la Quebrada de Humahuaca.  Pero bueno, ese es otro viaje…


Ah, por si gustan les dejo otro viaje ferroviario…
¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos
historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo!
¿Qué ves? Este es mi quinto VeoVeo, clickealo y lee los anteriores.

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